Un Zidane discutido

En escasas ocasiones entiendo cuando especialistas y aficionados afirman que el DT galo está en la cuerda floja. Para el entrenador exitoso, que casi siempre va a lo suyo, mejor que le presionen, pensará sin titubear. Tres Champions consecutivas, dos ligas en la era Messi y otros tantos cetros para los madridistas hacen que la soga que le arrincona se afloje al instante. Además, basta con que pongan su cargo en la rampa de salida para que aflore el Zinedine más gestor.

Como guión de película premiada, el Real Madrid de la mano, o dicho correctamente, de la voz del francés, se aprovecha de los partidos definitorios para que su afamada casta, el tan mentado ADN blanco salga al campo junto a los jugadores y el técnico. Sin ir tan lejos, Sevilla, Borussia MG y el gran derbi ante el Atlético hacían que soplaran aires de despido en Chamartín, pero como mago de prestigio Zidane colocó las piezas adecuadas, esas que le han dado más de lo pensado. La historia, de sobra conocida y comentada.

Ahora, es cierto que no todo lo que brilla es oro. Claro que hay manchas y borrones en el camino de Zizou, cuestionables sin duda. En determinado momento un jugador no ha encajado en la propuesta del día. Imposible es que tácticamente no se le recrimine algunas lecturas, antes o durante los partidos, aunque siendo sincero, pocas veces recuerdo verle desesperado, fuera de sí. El toque de la redonda no será el adecuado, no le agrada observar a sus discípulos retrocediendo más por ellos que por el rival, pero el semblante del otrora cinco merengue intenta no reflejar la inquietud que pudiese sentir.

El galo tiene sus talismanes. Sin Courtois, Ramos, Casemiro y Benzema el entrenador se siente como si le faltase un hijo. Confía en el resto, de hecho, no se cansa de expresar que sus jugadores son los mejores del mundo. Eso sí, esos caballeros son el bastión de un Zinedine convincente en su postura de cero fichaje rimbombante. De momento, el pasado y el presente le han dado la razón, amén de las debacles europeas. Jovic dejó sus goles en Frankfurt y Hazard difiere del que hizo a Bélgica un rival potente en Rusia y al Chelsea ganador de la Europa League 2019.

¿A qué juega el Madrid?, se preguntan muchos. Siento que Zidane lo tiene claro. Sólidos atrás, contundentes arriba. Sabe que sin Cristiano el gol no es virtud merengue, por lo que mueve a todos menos a Karim. Suele acompañarle de dos extremos punzantes, capaces en el uno contra uno y que alcancen línea de fondo para encontrar al nueve francés. Ahora, el compatriota del DT se une a la generación y eso hace que el Real domine pero a veces preocupe poco a las zagas rivales. Ahí, quizás surja la palabra capricho, de la que por cierto, también me agarro para valorarle en determinada circunstancia.

De incrédulos es creer que Zizou no comprende la necesidad de un hombre con el arco entre ceja y ceja. Sencillo, él está consiente, pero sabe que es Mbappé o nadie. Es entonces que su discurso se encamina a obviar el tema fichajes, pues sabe que lo suyo no son los números y que tras la Pandemia y la inversión en el nuevo Bernabéu las cuentas no dan. Además, volvemos al técnico aglutinador, cada mensaje de esos cala hondo en una plantilla que puede perder cualquier idea menos la fe en el mandamás.

Si volvió es porque lleva claro que tiene algo para dar. Va y la Champions no lleve nuevamente su sello, pero a sus números como entrenador se unen esos aires místicos que sólo hace soplar Zidane. Que se le discuta, se le critique, se le cuestione, comprensible y lógico. Ya él intentará responder en el rectángulo desde la banda. Por cierto, tengo el presentimiento que otro entrenador no lo estuviese haciendo mejor.

Convirtiendo las gambetas en tinta

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