Chivas, el declive de un grande

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En el mundo de hoy, donde el desvanecimiento de las fronteras ideológicas y comerciales es la norma, todavía hay clubes que se aferran estoicamente a su esencia, a sus raíces, a su folclore autóctono. El Guadalajara es una de esas instituciones en donde predomina el romance de antaño: once mexicanos uniformados con las míticas franjas rojas y blancas, alimentados por el espíritu de aquel inolvidable campeonísimo que marcó una época en el fútbol mexicano.

Tratar de mantener viva la llama del romance en un fútbol subyugado por el espíritu depredador y mercantil de la posmodernidad es cuando menos loable; sin embargo, ese halo de nostalgia no es suficiente para ganar campeonatos si no se trabaja bien en las fuerzas inferiores, si no se planifican cuidadosamente los fichajes en el encarecido mercado, si no se construye un proyecto que no contemple únicamente las finanzas, sino la formación de futbolistas con la identidad del rebaño que sepan conducir a las Chivas de nuevo a la cima.

La administración de Jorge Vegara puede ser cuestionable por muchos factores, pero es indudable que durante su gestión el Guadalajara ha vuelto a ser un club protagonista, mediático, del que habla todo el mundo -cuando gana y cuando pierde. Empero, el gran error ha sido no trabajar a conciencia con los jóvenes. Se ha invertido grandes cantidades de dinero en futbolistas que al vestirse de rojiblanco no han estado a la altura y, al mismo tiempo, se sigue desdeñando profundamente la docencia en las fuerzas inferiores. Se desperdició el conocimiento y experiencia de un hombre como Hans Westerhof, quien hubiera sido increíblemente valioso para la cantera de las Chivas.

Un equipo que, por decisión propia, sólo puede jugar con futbolistas nacidos en un país, no puede permitirse ignorar la cantera. Sobre todo teniendo en cuenta las circunstancias del mercado mexicano, el cual ofrece muy pocas alternativas viables; aquellas que sí lo son, terminan encareciéndose terriblemente cuando el Guadalajara toca la puerta.

Los recientes fracasos de las Chivas no son gratuitos. Se ha puesto el dinero en las apuestas erróneas; Alan Pulido, por ejemplo. Un delantero que no hace goles y vive muy preocupado por su apariencia, mientras que se consintió la partida de José Juan Macías y Rodolfo Pizarro, quienes sí marcan goles y pudieron haber sido estandartes de una nueva época del rebaño.

Si la prioridad en el fútbol de hoy en día es el negocio, pues es mucho más rentable formar futbolistas y venderlos a clubes europeos, que gastar millones en jugadores que parecen nunca estar listos para portar la mítica camiseta del rebaño.

El reto de la actual administración rojiblanca no sólo tiene que ver con mantener al equipo alejado del infierno del descenso, sino con devolverle la gloria que le corresponde, fabricar ídolos, ganar campeonatos, escribir su nombre en la historia. Sin embargo, José Luis Higuera y Amaury Vergara no han dado muestras de ser las personas ideales para dirigir el barco, para llevarlo al Olimpo. Todo lo contrario, su etapa al mando ha estado plagada de errores que tienen a las Chivas agonizando y, por momentos, en fase terminal. Y, por desgracia para la afición de la perla tapatía, parece que el panorama no va a cambiar pronto.

Probablemente el Guadalajara nunca juegue en la liga de Ascenso; no por méritos propios, sino porque el fútbol mexicano es tan sui géneris que bastan unos billetes para permanecer en el máximo circuito, pero la deshonra de perder la categoría en la cancha no se borra nunca. Nunca.

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