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febrero 24, 2020
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El Maestro Del Fútbol


En una ciudad que tenia aire de pueblo, se crió un joven deportista con unas condiciones innatas, que con la bola de trapo, ya vislumbraba la genialidad que causaría impacto en todo lugar donde llegaba, su nombre Alfredo Arango.

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La vida de esté gran Maestro del Fútbol se dio cerca de las costas un barrio llamado Ancon en Santa Marta donde una familia humilde se levantó con esfuerzo.

Cerca de los olores marinos, las charchadas y pescas y jugando a la bolita de trapo que la dominaba de una forma genial sus padres quedaban asombrados con esta genialidad.

Además no solo practicaba este deporte sino que también era un buen jugador de softbol.

Viendo estas virtudes y genialidades se le dio el apoyo respectivo, ya que era un entusiasta del deporte en todas sus facetas sorteando los obstáculos como si fuera un pájaro que alza vuelo entre ramas de todos los tamaños.

Era un asiduo oyente de radio y con una voz infantil pero segura escuchaba las entrevistas realizadas a su tío que era un jugador de fútbol reconocido y el Maestro decía:

”Yo algún día seré un gran jugador como mi tío“.

Y sin duda alguna con esfuerzo y tesón, comenzó a lograrlo a los 18 años de edad. Integró un equipo de fútbol semi-profesional con el cual quedó campeón y lo llevó por la senda goleadora en esa época de la década de los 60 y 70.

Ya lo venían mirando los cazadores de talento del Unión Magdalena , que le hicieron una propuesta muy buena y fue fichado por el Ciclón Bananero.

«Feyo”, como de cariño era llamado, comenzó a integrarse al grupo, pero era una persona muy callada y sencilla que no se pronunciaba en el camerino aunque en el campo se encargaba de administrar el balón.

Una de las cosas que más recuerdan esos hinchas del Unión, fue un gol que hizo de pierna zurda de volea sin dejarla caer en todo el ángulo el cual quedó en la retina de todos los espectadores, ya que esas genialidades solo se veían en Zico, Pele, Garrincha entre otros.

Con todas estas genialidades hechas por este gran jugador en el año 68, quedó campeón con el Unión Magdalena. Una de sus tantas anécdotas era que se daba el lujo de jugar embriagado y jugaba como los dioses o como si no estuviera bajo los efectos del alcohol.

Entre las cualidades que lo distinguían de muchos de sus amigos, como el señor Lorenzo Quinto, el mismo decía:

“Feyo era un hombre callado, pero tenía un manejo de la pelota como ninguno, además manejaba los dos perfiles y era un excelente rematador a larga distancia y sin pasar por alto su pases que eran precisos con fintas y engaños incluidos”.

Después de cada partido el Maestro se iba como cualquier joven de su edad a pescar para reconfortarse con el aroma de mar y el aire fresco que lo inspiraba partido tras partido.

Siguiendo con dedicación y esmero fue convocado a la Selección Colombia donde fue uno de los jugadores que más se destacó por sus condiciones, donde además marcó dos goles en esos juegos panamericanos que se realizaron en México, donde uno de los partidos más destacados fue contra la selección anfitriona.

Después de esa actuación, el maestro era pretendido por muchos equipos mexicanos, ecuatorianos, peruanos hasta europeos, pero por ser tan sencillo y arraigado a la familia y sus amigos no quiso tomar ninguna de estas propuestas.

Aquí se ve la esencia tan pasiva, tranquila y de amistad que manejaba el maestro y que nunca iba a cambiar y lo llevaría lejos en el rentado colombiano.

Así mismo, una de las duplas de jugadores más recordadas por el Junior fue la conformada por el Maestro y la Brujita Verón, a la cual le decían la mancuerna de oro, ya que orquestaban jugadas inimaginables uno por la punta izquierda y el otro por la punta derecha.

Para ese tiempo el maestro demostró sus condiciones quedando como una de las máximas figuras goleadoras del torneo (1977) y con su magia con el balón los llevó al campeonato.

Antes de ser campeón con el Junior, el diez más talentoso de Colombia vistió la camiseta del Bucaramanga donde realizó un buen papel en 1976 y fue luego cuando fue fichado por el Junior el año siguiente.

Fue un jugador hecho historia, con su potente pegada y su magia, al mejor estilo del francés Zidane combinada con Redin, lo que le permitió marcar 157 tantos en 338 partidos, por lo que pasó a ser uno de los mediocampistas con más goles en el torneo rentado colombiano.

Trasladó su magia por toda la geografía nacional jugando en los equipos más importantes de la región norte y sur del país, siendo incluso el más recordado su paso por el Club Millonarios, donde dejó huella y puso en alto el fútbol costeño en el interior del país con el cual obtuvo el título en 1972.

Arango sin duda alguna fue el mejor jugador costeño que existió en todos los tiempos, pero por la falta de medios, como internet, nuevas tecnologías y mayor difusión no fue muy conocida sus proezas como gladiador callado que llegaba a la arena de batalla a dejar todo su esfuerzo y magia impregnada en la cancha.

Pero a pesar de todo esto, dejó huella con su calidad humana, compañerismo, sencillez, honradez y tesón para salir de cualquier obstáculo.

Lastimosamente en la ciudad de Santa Marta, que es cuna del deporte más aclamado por el mundo deportivo, no es valorado el futbolista como tal y se tienen olvidadas sus viejas glorias así como sus escenarios deportivos que van en decadencia, lo cual debería de ser todo lo contrario para que se forjaran muchas más figuras, pero a pesar de todo esto siguen naciendo figuras que les toca trasladarse a otros lugares para desarrollar sus dotes así como le sucedió al maestro, quien murió a los 60 años de edad sin un homenaje digno de tal personaje, el cual se merecía algo mejor que ponerle su nombre a la cancha de Manzanares, barrio donde vivió desde que se retiró hace 36 años con su esposa Zuly Pacheco y dos hijos Dairo y Maryori.

Lo más impresionante del maestro era que nunca dejó de practicar su deporte amado, siendo ejemplo todo el tiempo. Incluso hasta cuando hace un año, se le diagnosticara la enfermedad, era común verlo en torneos de Gaira, Los Almendros o Pescaito mostrando su exquisito fútbol.

También jugaba softbol en la selección de mayores del Magdalena, deporte en el que se inició como él mismo dice ‘como una recocha del barrio’, pues nunca jugó la ‘pelota caliente’.

Otra de sus múltiples anécdotas más recordadas era cuando ‘Feyo’ llegaba y se sentaba a coger fresco y pasaba el Pibe y le decía: «venga mijo amárreme los cordones», para lo cual este le respondía: «claro maestro como no, usted es mi modelo a seguir».

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Con todas sus vivencias jocosas y anécdotas, Arango se merece tener un monumento que le dé a conocer su historia a toda la generación samaria venidera de deportistas y que les permita apropiarse de ella, teniéndolo como modelo a seguir y siendo motivación para toda clase de deportista para que sean impregnados por la magia y la sencillez de quien en vida fue uno de los mejores de todos los tiempos.

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