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octubre 18, 2019
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La relevancia de la Copa Oro

La Copa de Oro, esa peculiar competencia de la CONCACAF, es siempre criticada por el bajo nivel de los competidores y la pobreza del espectáculo; sin embargo, en esta edición hemos podido ver algunas mejoras en el fútbol desplegado por las selecciones participantes.

Como es habitual, México, Estados Unidos y Costa Rica partían como los favoritos para instalarse entre los semifinalistas, aspirantes al título. Curiosamente, hay un factor que comparten estos equipos: las tres selecciones están iniciando un nuevo proceso.

La Copa Oro, entonces, sirve a estas selecciones para comenzar la construcción del equipo que peleará por algún boleto en las siempre complicadas eliminatorias.

En contraste, para las demás selecciones del área, las del Caribe y Centroamérica, el torneo es sólo una minúscula oportunidad para salir del ostracismo al que son sometidas por la misma CONCACAF, gracias a que muchos recursos destinados a la infraestructura y al desarrollo futbolístico de estas federaciones se pierden entre los entresijos de corrupción y las redes de ingeniería financiera para enriquecer a los dirigentes y empobrecer a los verdaderos trabajadores del fútbol.

Y es que en la Copa Oro siempre se presentan situaciones que en otras latitudes no sucederían: jugadores que desertan de sus equipos para solicitar asilo político, uniformes que no llegan a tiempo, marcadores de abrumadora disparidad, arbitrajes sospechosamente tendenciosos en favor de México o Estados Unidos.

Todas estas variables hacen de la Copa Oro una competencia carente de interés y audiencia. Un torneo incapaz de generar ingresos suficientes si los aficionados mexicanos pierden interés en su selección, o si los Estados Unidos no presentan un equipo competitivo. Y lo que debería ser una fiesta, se convierte en un simple trámite, sólo para saber si los dos favoritos de siempre se encuentran o no en la final.

Claro que, de vez en cuando, la Copa arroja alguna agradable sorpresa. La edición pasada, Jamaica llegó a la final venciendo en semifinales a un México sin sus jugadores estelares. En la presente edición, Curazao hizo historia al superar por primera vez la fase de grupos; pero los reflectores se los ha llevado la sorprendente Haití, que ya se ubicó en las semifinales tras dejar en el camino a Canadá y espera, sin complejos, enfrentarse al seleccionado mexicano para buscar su pase a la final.

Historias como la de Haití o Curazao se podrían contar felizmente cada edición del torneo; sin embargo, la profunda y lacerante corrupción de los dirigentes del área tiene sometido al fútbol caribeño y centroamericano, maniatado sin la posibilidad de competir.

Mientras esa terrible enfermedad no se erradique en la CONCACAF, la Copa Oro seguirá siendo una competencia folclórica, de poca calidad, donde siempre ganan y pierden los mismos y donde, por absoluta desgracia, los dirigentes se llenan los bolsillos con dinero que bien serviría para el desarrollo del fútbol.

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