Qatar 2022: ¿Cómo sería la competición con 48 selecciones?

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Los poderosos del fútbol, obsesionados con arrebatarle el espíritu proletario al deporte más lindo del mundo, han tratado de ceñir la Copa del Mundo en un selecto ágape sólo para las élites, para las burguesías mestizas, cimentado sobre el hiperbólico capital de los patrocinadores; sin embargo, el fiel aficionado de siempre, el hincha que viaja centenares de millas persiguiendo a la selección de su país permanece en el epicentro del espectáculo, como motor y combustible. El Mundial recién celebrado en la majestuosas ciudades del imperio ruso ha servido como prueba cristalina de dicha hipótesis: la pasión no se vende, no se permuta, ni se arrienda.

En ese insaciable afán por ensanchar sus arcas, la FIFA ha decidido llevar el Mundial a un lugar maravilloso para las finanzas y los negocios, pero inhóspito para el fútbol y su folclore; sin tradición futbolística ni estructuras que puedan florecer tras albergar la fiesta del fútbol. Sin embargo, tras las recientes experiencias mundialistas, es imposible imaginar que Qatar 2022 pueda ser un fracaso. Las expectativas son exactamente las contrarias: deslumbrantes monumentos al fútbol convertidos en estadios, infraestructura del primero de los mundos, paisajes espectaculares y una atildada organización.

Empero, además de sus intrínsecas peculiaridades, los burócratas del máximo organismo del fútbol están reflexionando la posibilidad de agregar una más al Mundial de la península arábiga: incrementar el número de participantes de 32 selecciones a 48, lo que significaría un exponencial salto en las ganancias, pero una considerable disminución en la calidad del espectáculo. Llevar la fiesta a más rincones del orbe tiene su precio, quizá bastante alto.

La discusión sobre el aumento de selecciones no es para nada novel. Sucedió cuando los participantes pasaron de 16 a 32 ─el formato actual─. Parecía que 32 era el número perfecto; sin embargo, cada cuatro años se han quedado fuera selecciones importantes: Italia, Holanda, Chile y Estados Unidos vieron Rusia 2018 desde casa, por ejemplo. Pasar a 48 implica que este tipo de equipos asistan siempre a la Copa del Mundo; aunque es fácil argumentar que si estos equipos no fueron capaces de ganarse un lugar en los míticos bombos del sorteo decembrino era, sencillamente, porque no tenían el nivel para merecerlo.

¿Cómo se jugaría un Mundial de 48 equipos? Aún cuando el número de participantes es una incógnita para Qatar, es un hecho que a la Copa del Mundo de 2026 a celebrarse de manera conjunta en Canadá, Estados Unidos y México asistirán 48 selecciones nacionales y la dinámica del torneo sería la siguiente:

La UEFA contará con 16 plazas directas, la CAF con 9, la AFC con 8, la Conmebol con 6, la Concacaf con 6 y la OFC con 1. Además, cada confederación tendrá un puesto para acceder al repechaje, donde se repartirán los últimos tres cupos. Como es habitual, el país anfitrión calificará al Mundial de manera directa, sin hacer escala en las siempre turbulentas eliminatorias.

Una vez constituida la lista de 48, se formarán 16 grupos de tres selecciones. En esta fase podrían suprimirse los empates y definir al ganador en la tanda de penales. Dos equipos por grupo clasificarán a la ronda de dieciseisavos de final; ahí comenzaría el camino de enfrentamientos directos hasta llegar a la ansiada final. La competición pasaría de tener 64 a 80 partidos en el mismo lapso de tiempo ─un mes.

En la literatura, la Copa del Mundo de 48 selecciones aparenta una desprolijidad absoluta, un esfuerzo logístico innecesario, una creación de laboratorio mercadológico para agigantar el negocio. Pero para países donde históricamente conseguir la clasificación a la fiesta del fútbol es tan arduo como el castigo se Sísifo, se abre un espectro de posibilidades infinitas, la gran oportunidad de cumplir el inalcanzable sueño mundialista, aún sin quizá merecerlo. Mientras que para las potencias, lo mismo de siempre: sortear con cierta tranquilidad las primeras fases hasta topar con otro rival a su altura, porque aún incrementando los participantes, la historia la escriben los ganadores y en los Mundiales, los ganadores son siempre los mismos, ese selecto clan aristocrático lejos todavía de las pedestres aspiraciones del resto.

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